La Casa de la Troya, historia viva del Santiago de Compostela universitario
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La Casa de la Troya, historia viva del Santiago de Compostela universitario

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Si uno piensa en Santiago de Compostela no sólo puede hacerlo en términos del Camino De Santiago o de la tan presente gastronomía. La ciudad esta muy unida a su universidad y a toda la vida que se genera a su alrededor. Una vez que te cansas de callejear por el empedrado tu destino no debe ser otro que visitar La Casa de la Troya, historia viva de la vida universitaria y su siempre presente tuna.

A los más antiguos del lugar se les habrá encendido una bombilla y les sonará de algo (quiero creer), ya que es el título de una novela de Alejandro Pérez Lugín, que además ha sido adaptada al cine en numerosas ocasiones. Santiago late alrededor de la calle de la Troya y de su casa y el Museo es parada obligada.

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La novela cuenta la historia de Gerardo Roquer, un madrileño al que su padre envía a Santiago a terminar sus estudios de leyes y a ver si olvida a una cupletista que frecuenta. Instalado en la Casa de la Troya vive la vida universitaria, sienta la cabeza e incluso se enamora. Los personajes están basados en personas reales de la época que el propio Pérez Lugín conoció y que siguen latiendo en el interior del museo.

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Desde 1886 hasta 1906 la Casa de la Troya funcionó como hospedería de estudiantes, con una dueña originaria llamada doña Generosa Carolo, una viuda que alquilaba camas (incluso un trozo) y habitaciones a estudiantes en la lluviosa Santiago universitaria. Hoy en día, tras la adquisición por parte del Ayuntamiento y su rehabilitación a imagen y semejanza de lo que fue, evoca una pensión de estudiantes de finales del XIX.

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El edificio es de mediados del siglo XVIII y ocupa una parcela de 60 metros cuadrados, con una superficie visitable de 180 metros cuadrados. En la planta baja está la recepción, en lo que era la antigua zona de paso de personas y caballos, que bajaban a las cuadras por una rampa que todavía hoy existe y lleva a un sótano que es toda una loa a la Tuna Compostelana. La Asociación de Antiguos Tunos Compostelanos es una parte importante de la recuperación del edificio.

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En el primer piso está el salón comedor, también utilizado como sala de estudio por los huéspedes. La mesa hoy en día es historia viva de las diferentes ediciones y traducciones que ha tenido la novela. Sigue siendo hoy en día una de las más publicadas en lengua castellana.

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Entre dos ventanas guarda un lugar de honor en ese salón el instrumental médico cedido por la familia Vaamonde y que en la novela tiene una importancia sentimental muy grande.

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No puede faltar tampoco un sofá con una capa de la tuna con sus cintas y escarapelas. Y es que en esta estancia ensayaba también la Tuna Universitaria en su momento.

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También está en este primer piso la sala de respeto, empleada por Doña Generosa para entrevistar a los futuros huéspedes y donde los estudiantes recibían las visitas de su familia. No pueden faltar las fotos de la época, entre las que es una diversión buscar a Pérez Lugín y las orlas de la universidad. Ninguno de los muebles estaba originariamente en la casa pero se han buscado con mimo para recrearla.

Las habitaciones

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En el segundo piso están los dormitorios. Uno colectivo, con cuatro camas de la época (sí, más pequeñas que las de ahora) y que daban dormida a dos personas. Entre ellas, una mesilla de noche que en su interior, hecho de porcelana, guardaba una bacinilla que se vaciaba por la ventana. El material que protegía el interior era muy útil para limpiarlas y “aislar” los olores.

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Sobre las camas hay expuestos trajes de la época para que apreciemos bien cómo iban vestidos los estudiantes de finales del siglo XIX, incluido, por supuesto, un traje de tuno con su pandereta. Éste no ha variado en lo más mínimo desde entonces.

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Al lado está la habitación individual que en su momento ocupaba el protagonista de la novela, Gerardo Roquer, y que costaba una peseta más. Todo un dineral de la época. Sobre la cama, una capa de lujo con bordados y abalorios, acorde a la clase del protagonista. Y ahora incluso dejo que le pongáis una cara: Arturo Fernández, ya que él era el protagonista de una de las versiones cinematográficas.

La cocina y la habitación de Doña Generosa

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En el último piso de la casa está la amplia cocina en la que se elaboraba lo que se consumía en la pensión. Subir el agua era trabajoso, pero la situación era inmejorable para aprovechar la luz del día y facilitar también el desalojo de los humos.

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Esta es quizás una de las estancias que más reforma ha tenido, porque se le ha bajado el suelo para hacerla más amplia y el suelo no es ni mucho menos original. Los muebles son una perfecta recreación y sobre la mesa, un curioso atrapamoscas de cristal.

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Justo al lado, en la puertecita que se veía al lado del fregadero, está la que era la habitación de Doña Generosa y que esconde el secreto mejor guardado de la casa: una vista de las torres de la Catedral De Santiago que puede que esté entre las más bonitas de toda la ciudad.

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La habitación es minúscula pero aún así no le falta detalle, incluida una almohada para hacer puntillas y una máquina de coser. Las visitas al Museo Casa de la Troya son siempre guiadas y para pequeños grupos, y tienen un precio de 2,5 euros. Los horarios durante el verano son amplios pero se reducen en invierno. Hacedme caso y visitadla si tenéis ocasión, puesto que saldréis enamorados de un museo con todo el encanto.

Más información | Casa de la Troya

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