Cada país tiene su propio pueblo donde viven los más tontos

Cada país tiene su propio pueblo donde viven los más tontos

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¿Por qué lo que es una simple frontera administrativa provoca una adhesión emocional tan profunda? Hay razones evolutivas que tienen que ver con el diseño de nuestro cerebro, pero eso sería objeto de otro análisis.

Lo que resulta todavía más curioso es que, dentro de una frontera (la de una país), se crean otras subfronteras y que, indefectiblemente, se señala una región de las mismas como el lugar donde se concentra mayor número de tontos (aunque eso no sea cierto).

Los tontos de cada país

Son lugares que se asocian a los tontos, así que vivir o nacer en ellos te hace parecer tonto para muchos de los demás. En España, el ejemplo más conocido es Lepe, que ha sido el generador de toda clase de chistes.

Últimamente, sin embargo, está quitándole el puesto Murcia, que se ha convertido en el epítome del chiste sobre oligofrénicos.

Pero como explica Oliviero Ponte di Pino en su libro El que no lea este libro es un imbécil, hay muchos más lugares en el mundo que han sido asociados con la tontería (sobre todo por sus enemigos):

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Para los antiguos griegos, por ejemplo, los tontos vivían en Abdera, irónicamente una ciudad donde nacieron mentes brillantes como Demócrito y Protágoras.

Para los ingleses, los tontos viven en Gotham.

Para los alemanes, en Schildburg.

Para los daneses, en Molbo.

Para los milaneses, los tontos proceden de la llanura lombarda, de un pueblo llamado Gaggiano.

Para los canadienses las bromas son con los habitantes de Newfoundland.

Para los mexicanos, los yucatecos.

En Nueva Zelanda, con los maoríes y con los habitantes de West Coast.

Para los franceses, el país con más tontos es Bélgica.

Para los estadounidenses, uno de los países más tontos es Polonia.

En Suecia, se meten con los finlandeses.

En Tayikistán, con los uzbekos.

En Brasil, con los portugueses.

En Irán, con los de Rasht.

En Nigeria, con los hausas.

Así es. No todos nos odiamos entre sí. Somos ciertamente selectivos. Pero basta con poner una frontera para que la probabilidad de odiarnos mutuamente se incremente. O como decía Terry Pratchett en ¡Voto a Bríos:

Era mucho más fácil echarles la culpa a Ellos. Era bastante depresivo pensar que Ellos eran Nosotros. Si eran Ellos, entonces nada era culpa de nadie. Si éramos Nosotros, ¿en qué me convertía eso a Mí? Al fin y al cabo, yo soy uno de Nosotros. Tengo que serlo. Desde luego, nunca me he considerado uno de Ellos. Siempre somos uno de Nosotros. Son Ellos los que hacen las cosas malas.

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