Cosas que no me gustan de Ámsterdam (una visión muy personal)

Cosas que no me gustan de Ámsterdam (una visión muy personal)

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Ámsterdam me gusta, quede esto por delante, pero también hay que admitir que hay algunos rasgos de esta ciudad que me desquician. Aspectos que no tolero, que provocan que me eche para atrás y amusgue la mirada.

A continuación, un conjunto de cosas sobre la ciudad más liberal del mundo que sinceramente no me gustan nada o casi nada.

1. Inmigración

El gobierno neerlandés requiere a los visitantes de ciertos países (países pobres, sobre todo musulmanes) que presenten una gran cantidad de documentos, incluida una carta de algún residente que responda por ellos, aunque solo quieran recorrer los canales y ver los tulipanes.

2. Multicultura fallida

La idea de multiculturalismo ha resultado un fracaso en este país porque no ha derivado en una sociedad mixta, sino en una multiplicidad de guetos comunitarios ubicados uno junto a otro pero aislados entre sí. Lo contrario de una sociedad.

Resulta chocante que algo así sueceda en una ciudad que enarbola la bandera de la tolerancia.

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3. Barrio rojo

Este barrio lleno de escaparates con prostitutas posando como si fueran maniquís es una curiosidad que todos hemos querido ver, sin embargo, atrae a lo más rancio del turismo. Y también a lo más garrulo.

En la ciudad trabajan entre cinco mil y ocho mil prostitutas registradas, la mayoría de las cuales ofrecen sus servicios en estos prostíbulos autorizados. Aquí, pues, la prostitución es legal y está reglamentada.

4. Humedad

Ámsterdam está construida, básicamente, sobre un cenagal. Holanda es un vasto delta fluvial en el que desembocan en Rin, el Mosa o Mass, y el Escalda, tres de los ríos más grandes de Europa.

Os podéis imaginar que el nivel de humedad aquí es estratosférico. Tanto que vuestro pelo os lo recordará continuamente.

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5. Exceso de turismo

Hay un determinado número de calles, plagadas de turistas, que ya han dejado de ser Ámsterdam para convertirse en el parque temático Ámsterdam.

Aquí hay una aglomeración de restaurantes sin personalidad, casinos, bares de cerveza, tiendas de marihuena, puestos de kebab, exhibidores de postales y llaveros con zuecos de madera. Un amasijo de neón, basura y detritus en que la que no hallaremos apenas ni un fragmento de la verdadera historia de la ciudad.

6. Drogas

No todo es tan bonito en el tema de las drogas en Ámsterdam. Si bien en materia de drogas recreativas y blandas hay una plítica liberal, los neerlandeses tienen una de las políticas más restrictivas del mundo en materia de fármacos de venta bajo receta, debido a una desconfianza innata en la industria farmecéutica. Es decir, que en drogas no son nada conservadores, pero sí lo son en medicina.

Aquí los médicos apenas recetan antidepresivos u otros fármacos para combatir el dolor.

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7. Sexo

Esta ambivalencia mostrada con las drogas (libertad para unas pero censura para otras), también se da en el sexo. A pesar de ser la ciudad de la prostitución y de fomentarse el uso del condón y las píldoras anticonceptivas, la mojigatería se muestra en el cine en otros aspectos.

Las películas prohibidas en Estados Unidos por su contenido sexual son aptas para todo el público en Ámsterdam. Sin embargo, una película apta para mayores de 13 años en Estados Unidos puede ser prohibida para menores de 18 años en los Países Bajos, donde la violencia cinematográfica que los estadounidenses consideran normal se percibe como algo de lo que debe protegerse a los niños.

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